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Pie de atleta: saber reconocer los síntomas y cómo prevenir la enfermedad

El famoso pie de atleta es el término usado para una condición dermatológica en la que la piel entre los dedos de los pies y en la planta se vuelve roja o blanquecina, con descamación, causando picor. Pero según la dermatóloga Leonor Girão, en realidad el pie de atleta corresponde a «una infección de la piel», en general, por hongos, pero también puede haber bacterias involucradas.

«El mundo en el que vivimos no es estéril. Hay una enorme cantidad de microbios (bacterias, hongos, virus) que cohabitan con nosotros en nuestra piel y que también existen en la naturaleza.

Cuando se altera el equilibrio de nuestra piel (si tenemos heridas o grietas entre los dedos, traumatismos en los zapatos, manicura o lesiones deportivas en las uñas) asociado a un aumento de la transpiración o la humedad en los pies (causado por un calzado más oclusivo o un mal secado de los pies después del baño), los hongos se aprovechan y entran en contacto con las estructuras más profundas de la piel y causan las llamadas micosis, es decir, infecciones fúngicas de los pies», dice el experto.

La enfermedad no es tan contagiosa, pero algunas personas son más propensas a padecerla: «Los que tienen una deficiencia vascular (insuficiencia venosa o arterial) o enervación (como en el caso de los diabéticos) pueden tener más microhongos en la piel, lo que facilita la entrada de hongos«, dice. Usar zapatos demasiado ajustados y cerrados también es un riesgo mayor.

Síntomas

Descamación: El primer síntoma del pie de atleta suele ser la descamación de la piel, especialmente entre los dedos de los pies.

Color: Después de la exfoliación, la piel comienza a enrojecerse o blanquearse (macerada). Puede extenderse hasta la planta del pie.

Itchy: Además del cambio visible en la apariencia, las zonas infectadas pueden causar picazón, de moderada a bastante intensa.

Vesicular: Es la forma más grave y menos común del pie de atleta y afecta sobre todo a la población diabética: se forman pequeñas ampollas en el pecho y en la planta del pie, que pueden reventarse y causar heridas. En este caso, el paciente debe consultar a un médico para eliminar las causas que causan la infección.

Otras partes del cuerpo

Más raramente, la enfermedad también puede afectar a los tobillos, los talones, la parte lateral del pie o las piernas, e incluso puede pasar a las manos y las uñas por contacto directo. Estos últimos son descoloridos, gruesos, suaves y también más quebradizos.

Prevención

Secado: La mejor prevención es secarse bien los pies (incluso entre los dedos) después del baño.

Antitranspirante: A lo largo del día debes tratar de mantener los pies secos dentro de los zapatos. Si es necesario, un antitranspirante puede ayudar.

Higiene: Siempre que sea posible, se deben elegir calcetines de algodón. Airear los zapatos y lavarlos (si es posible) también es importante.

Integridad: La aplicación de un humectante específico en los pies también ayuda a la piel a mantener su integridad.

Evitar las heridas: El calzado también debe estar bien adaptado a la forma del pie para no causar fricciones o traumas innecesarios.

Cómo se trata

No sólo en la etapa de prevención, sino especialmente durante el tratamiento, se necesitan cuidados adicionales, como el uso de zapatos y calcetines secos, la elección de calcetines de algodón, etc.

Además de estas precauciones, que evitan la propagación de hongos y bacterias, debe añadirse un tratamiento con antifúngicos (crema, polvo u oral), según la extensión o la gravedad del problema. A veces es necesario aplicar productos dermatológicos secantes o calmantes (sobre todo si hay picor) y, en caso de infección bacteriana, asociar antibióticos tópicos.

Tome nota

Los diabéticos deben ver a un médico

Según la dermatóloga Leonor Girão, hay que acudir al médico «siempre que haya quejas», porque «no basta con tratar la infección«. Es necesario corregir los factores desencadenantes, «especialmente en los diabéticos», explica.

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